Así me entero de que iba a ser funcionaria interina

Todo empezó el 24 de julio de 2019, aunque como casi todo lo importante de la vida, venía gestándose durante más tiempo. Concretamente desde...

Todo empezó el 24 de julio de 2019, aunque como casi todo lo importante de la vida, venía gestándose durante más tiempo. Concretamente desde aquel examen funesto de mayo del 2018.

Pues bien, son las 5 de la tarde de ese 24 de julio,día de mi santo para más inri, me acabo de sentar a estudiar con un café helado y mi turno de tarde se ve interrumpido por el sonido del timbre. Me levanto para abrir mientras pienso en quién puede ser, pues no esperaba visita ni pedido alguno. Miro cautelosa por la mirilla y veo a quien creo que es un trabajador de Correos. Abro la puerta, me informa que tengo una carta certificada y al cogerla puedo leer que el remitente es la Delegación de Madrid. Y en ese mismo instante lo supe, sin abrir la carta, supe que tanto esfuerzo se había materializado, por fin, en algo real y tangible.
Firmo el acuse de recibo, el cartero se marcha y me quedo sola con mi carta. No puedo plasmar en unas pocas líneas todas las sensaciones, emociones y pensamientos que emergieron durante esos minutos, quizás segundos, a borbotones de todo mi ser.
Por fin, abro la carta, apenas dos líneas en las que se me informa que he sido seleccionada para cubrir una plaza de funcionaria interina y que para más información llame en horario de 9 a 14 horas al teléfono que se me indica.
Vale, me parece bien porque tengo unas horas para decidir, pero también mal porque necesito algo más de información para tomar una decisión: ¿dónde es la plaza? ¿para cuánto tiempo?. Con el examen a tres meses esos datos constituían la base de la pirámide de mi decisión.
Por supuesto, esa tarde me olvido de estudiar, no puedo ni estar casi sentada de la emoción. Me dedico a informar a los más íntimos de la buena nueva y, en un reflejo de cordura, cojo el móvil para hablar con mi amiga Eva. Ella es una persona racional, analítica, me quiere, es sincera conmigo. Y es que cada uno de nosotros sabemos qué persona nos hace más falta es según qué momento.
Cuando termino la conversación con ella, ya casi tengo decidido que si la plaza se extiende a un período más o menos largo, diré que sí.
Recuerdo esa tarde y esa noche como muy largas, con la alegría en el cuerpo pero también con la picazón de la curiosidad corroyéndome las entrañas. 
OpoNovio desde su posición de pensar siempre en mi bien casi antes que en el suyo propio, me dice que lo piense bien, que adaptarse a un trabajo nuevo y continuar estudiando a tres meses del examen no es una tarea fácil. Pero que cada uno sabe más que nadie lo que quiere y necesita en cada momento. Me enternece su reacción, mi corazón se inunda aún más de amor hacia él. Ni tan siquiera ha barajado la idea, en su generosidad casi infinita, de que diciendo que sí a esa plaza iba a entrar otro sueldo en casa.

Por fin amanece el 25 de julio, día de Santiago, y a las 08:50 marco el número tras el que me esperaban los datos que necesitaba para terminar de tomar mi decisión. Obviamente no hay nadie todavía al otro lado del teléfono, pero a las 9 y pocos minutos ya encuentro esa voz tras el hilo telefónico. Pido toda la información que necesito y cuando me dicen que la plaza se extiende, como mínimo a un año, digo que sí.El trayecto desde mi casa al puesto de trabajo es razonable para una ciudad como Madrid. y siempre iba a estar la posibilidad de no conseguir la plaza en la convocatoria que estaba por llegar en tres meses. 
Así que ese año de volver a la vida laboral constituía para mí un balón de oxígeno emocional, una pequeña recompensa por tanto trabajo hecho y tan mala suerte en algún examen.
Desde el momento en que digo que sí, tomo la firme decisión de estudiar sin tregua durante esos tres meses. Faltaban tres semanas para incorporarme a mi nuevo puesto de trabajo y, restando el tiempo invertido en las gestiones propias para materializar la interinidad, me como los libros. Son tres semanas de estudiar a tope. 
Comienzo a trabajar y sigo con esa firme convicción. Recuerdo el primer día después del trabajo como de un cansancio extremo, pero sin la más mínima duda de que voy a aprovechar la tarde sea como sea. Y así fue. Y así en general fueron todas las tardes hasta la fecha del examen. Pero de lo que no me estaba dando cuenta era de que cuanto mejor llevaba el temario, de que cuanto mejor salían los test y supuestos, yo me estaba sometiendo a un maltrato mental y físico que me estaba destrozando el sistema nervioso.Ni siquiera fui consciente de ello los días previos al examen, en los que estuve en unas condiciones mentales y emocionales pésimas. Yo solo veía que no podía fallar otra vez, que tenía que conseguirlo, que lo que durante tanto tiempo me había sido negado esa vez no se me iba a escapar.
Lo siguiente ya os lo cuento en otro post porque de verdad que he necesitado varios meses para darme cuenta de la realidad de mi situación en esos días, de sus consecuencias y de  cómo afrontar los daños que me había ocasionado a mí misma.




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7 comentarios

  1. continua contando Cris

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  2. Me ha encantado.
    Gracias por el post.
    Sigue cuando puedas por favor

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  3. no te olvides del blog, Cris!!!!!

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  4. Y un post de como te has ido organizando un espacio para el estudio cuando no hay mucho espacio. Como suele pasar. Saludos

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  5. Y tu experiencia con los preparadores, academias, estudiar por tu cuenta,.... Compartela, please

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