La entrada que creí que nunca iba a poder escribir, hallacas y pastel de chucho

Que esté sentada hoy aquí frente al ordenador escribiendo, por fin, esta entrada es casi un milagro. Llevaba con este tarea en mi lista de...

Que esté sentada hoy aquí frente al ordenador escribiendo, por fin, esta entrada es casi un milagro. Llevaba con este tarea en mi lista de pendientes ya bastantes días. Es algo que me da una rabia terrible, pero desde siempre no me ha gustado escribir en el blog por obligación o seguir un número de publicaciones mensuales para que el señor Google me premie. Esto es otra cosa, es un diálogo, a medias con vosotros, a medias conmigo misma. Así que no me pongo a escribir si lo que me apetece es leer, ver una serie o descansar sin más.

Hablando de lecturas y series os recomiendo muy mucho las dos últimas novelas de Murakami, La Muerte del Comendador, Libro 1 y 2. Son una auténtica maravilla en cuanto a lo imaginativo de la historia, el detallismo en las descripciones y la construcción psicológica de los personajes obra del siempre sorprendente y  celebérrimo escritor nipón.
En cuanto a series, terminé hace ya alguna semanas The Sinner y si os van las series de policías con  mucha intriga y personajes torturados por su pasado (y su presente), esta es vuestra serie. Son solo dos temporadas, y aunque el policía protagonista es el mismo en ambas, las tramas son totalmente distintas. 
También me he visto, como medio planeta supongo, YOU. Me la vi en un abrir y cerrar de ojos y me gustado sin más, veré las otras temporadas cuando salgan, pero me resultó demasiado previsible en los últimos capítulos.

Ahora he empezado a ver SAFE, la encontré en Netflix por casualidad y al ver que el protagonista era el actor que encarnó a Dexter pues me quedé a probar, a pesar de que no tenía ninguna referencia de la serie. Salvando mucho las distancias me recuerda un poco a Big Little Lies por eso de personajes ricos y aparentemente exitosos en sus divinas urbanizaciones de lujo, pero con dramas personales y problemas que no se arreglan con dinero. Y es que ya lo afirmaba aquella vieja serie que los ricos también lloran.

Bueno, que me voy por las ramas y yo he venido aquí a hablar de todo un poco, pero no tanto.
Los que seáis opositores a la Administración del Estado ya sabréis que el INAP publicó la semana pasada una nota informativa en la que anunciaba que la convocatoria de la opo será a partir de mayo y los exámenes a partir de septiembre. Me sentó bastante mal en el momento, pero el pataleo me duró una tarde, la verdad. Yo ya tenía asumido que el verano me lo iba a pasar preparando el examen de informática; así que tampoco hay tanta diferencia, más allá ( y no es poco) de cerrar esta etapa algún mes antes.
Que el pataleo me duró una tarde es verdad, pero que de alguna forma ha afectado esta semana a mi rendimiento y he echado alguna horita menos en el OpoZulo en general. 
El sábado por la mañana también tuve ahí un momento de,  podríamos decir, bajoncillo porque me metí a leer los destinos de la convocatoria pasada y me daba mucha penita no  ser una de las personas que optaba a alguno de ellos. Pero bueno, es lo que toca y la motivación va viento en popa en líneas generales.

Aunque tampoco salgo mucho, sí que me he escapado un par de días últimamente entre semana a comer con una amiga,    Raquel  .Siempre es muy agradable compartir ratos con ella, porque es una persona súper agradable, amable y con una mentalidad super optimista y vitalista. Además que sabe muchísimo sobre gastronomía y vinos y siempre aprendo un montón con ella. Gracias a ella fue que descubrí el     Vermú St. Petroni   que se ha convertido en una de mis bebidas favoritas con su toque de albariño.



Pues lo que os decía con ella me he escapado un par de días a comer, en ambas casos a restaurantes venezolanos: el primero de ellos Apartaco  (Calle de Luchana, 7), el nombre me sorprendió mucho y cuando le pregunté al encargado me dijo que es la palabra que utilizan los venezolanos para designar de forma informal un apartamento . El restaurante está decorado con muy buen gusto, tiene mucho encanto y distintos espacios según el plan en el que vayas. El trato es exquisito, y es que me encanta lo educados que son los venezolanos, o al menos esa es mi experiencia. Aunque probé platos de los más típicos lo que más me sorprendió fue la hallaca que es una masa de harina de maíz sazonada con caldo de gallina o pollo, rellena con guiso de carne de ternera, cerdo o pollo a la que se agregan aceitunas, uvas pasas, alcaparras, pimentón y cebolla envueltas en forma rectangular en hojas de plátano, y que luego se ata y se hierve. Es un plato típico de Navidad, pero tenéis que probarlo porque además de que es sabroso, contundente y original, lo que más me gustó es la tradición de que suele prepararse por todos los miembros de la familia; ya que es un plato muy laboriosos. Y es que eso de compartir alrededor de la comida es algo que me apasiona.



El segundo de los restaurantes venezolanos del que quiero contaros hoy, es La Cuchara   , un clásico de la cocina venezolana en Madrid situado en el número 82 de la Calle de Conde de Peñalver y muy célebre por su menú del día. Si las arepitas y el pabellón criollo me supieron a gloria, la estrella de esa comida fue sin duda  el pastel de chucho: desconocido para mí ese plato hasta ese preciso momento, tengo que decir que ese timbal de cazón, plátano maduro y queso blanco me conquistó. 
Así que ya sabéis, acercaros en cuanto podáis a probar estas delicias y sorprender a propios y extraños con estos dos referentes de la cocina venezonala en la capital.



Por mi parte tengo semana movidita, entre horas a tope en el opozulo, citas médicas y  un viaje relámpago e inevitable. Pero al menos ya voy a poder tachar este post de mi lista de pendientes.


No olvides visitar

1 comentarios

  1. Yo también estoy conociendo la gastronomía de Venezuela y asistí a un taller de Hallacas.
    Un saludo y mucha energía para tus estudios
    Besos
    Amanda

    ResponderEliminar

Dime lo que piensas