Días que acaban bien

Era lunes y estaba contenta y motivada, cosas que pasan algunos lunes. Pero la casa se empezó a convertir en un campo de batallas lleno de t...

Era lunes y estaba contenta y motivada, cosas que pasan algunos lunes. Pero la casa se empezó a convertir en un campo de batallas lleno de trampas: llegaron varios mensajeros, correos y llamadas importantes que había que responder y OpoNovio con gripazo.Tampoco quería dejar pasar el entrenamiento porque los lunes marcan el resto de la semana (o al menos eso creo yo).


Tenía toda mi esperanza de ese lunes puesta en una cena que tenía esa noche, pero la logística se iba desajustando por momentos. La cena era en Pozuelo y, tras producirse dos bajas, tenía que reubicar a dos amigos y a mí misma (ya sebéis que no conduzco aquí) en otro coche. Como en un principio nos íbamos a ir con OpoNovio pero no pudo ser porque estaba fatal con su gripe, me sentía responsable de la situación y tenía que encontrar otro medio de llegar al restaurante  Casa Tere (Avd/ Juan Pablo II, 64 - Pozuelo de Alarcón-).

Tras un rato muy loco de mensajes y llamadas logré encontrar a otra persona que nos pudiera acercar y ya pude abrir los paquetes de rebajas que habían llegado durante el día y entrenar. Sí, contra todo pronosticó le robé un ratito al lunes para dedicármelo a mí misma.

Después de tanto follón los ánimos habían decaído para ir a cenar, pero el entrenamiento me sentó bien y lo uno compensó a lo otro.Además nunca había ido a Pozuelo ( que yo recordara) y el restaurante resultó ser uno de esos clásicos que nunca fallan y con un servicio profesional pero a la vez cercano (que es algo que valoro mucho el encontrar ese equilibrio entre profesionalidad y cercanía). Cuando voy a un restaurante demasiado cool de esos en los que parece que me están haciendo un favor por atenderme, se me pone un humor bastante malo. Aquí nada de eso. Pero tampoco me gusta que me traten con demasiada familiaridad, a no ser que haya ido varias veces ( y casi que tampoco).


De la cena destacaría el foie al Pedro Ximenez, el steak tartar  elaborado en directo y los postres tradicionales, abundantes y deliciosos. Pero sin duda lo que más me ilusionó de esa noche fue que desvirtualicé a dos personas a las que conocía a través de las redes sociales desde hacía mucho tiempo, pero con las que nunca había tenido la oportunidad de quedar. Me gustoó mucho poder comentar un montón de cosas, hacernos fotos y divertirnos.





No sé vosotros, pero yo voy a seguir intentando sacarle el mayor jugo posible a mis días por más que la logística falle a  veces y haya que reorganizar todo para hacer lo que teníamos previsto. 


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